OPINIÓN

Duque y su capricho con Guaidó

La tarea que le espera al mandatario colombiano no es nada fácil, pero debe dejar a un lado su capricho con Guaidó para lograr la extradición de Merlano.    

 

03/02/2020

Por Elim J Alonso

Y una vez más, Duque demuestra no saber manejar adecuadamente las relaciones internacionales del país.Aunque pensamos que nuestra vergüenza
ante la Asamblea General de la ONU el año pasado, cuando el presidente presentó fotografías de supuestos campamentos que estaban en Venezuela siendo que en realidad eran imágenes tomadas en Colombia, había servido como campanazo para que el gobierno tuviera más cuidado en el manejo de temas internacionales, hoy sorprende una vez más.

Tras la captura en Venezuela de Aída Merlano, prófuga de la justicia por compra de votos, el presidente Iván Duque decidió solicitar la ex tradición
de la excongresista a Juan Guaidó, justificando que no mantenía relaciones diplomáticas con Nicolás Maduro. Sin embargo, esta acción resulta igualmente torpe, considerando que Guaidó no tiene el poder para ejecutar la extradición

Duque y Guaidó mantienen un juego imaginario, el primero demuestra su inexperiencia al tratar de manejar este tipo de situaciones de la manera incorrecta y el segundo ha demostrado que no tiene poder ni influencia en su país.

De igual manera, aunque Maduro no es santo de nuestra devoción, y también ha demostrado su gran torpeza al gobernar un país, no podemos negar que él es el jefe de las fuerzas militares y demás autoridades venezolanas, por lo tanto, sí goza del poder necesario para extraditar a Merlano.

Esperemos que en medio de la gran imaginación de nuestro presidente, este tenga en cuenta que, aunque él no quiera, el mundo se mueve por las relaciones de poder y entienda que debe dejar su ego a un lado para buscar la extradición Aída Merlano. Esto no es una tarea fácil pero, a veces hay que dejar los caprichos y el orgullo para hacer lo que se debe, intentar dialogar con Maduro. Sin duda alguna, reconocer a alguien, que no tenía poder suficiente, como presidente interino fue un gravísimo error, y hoy se ven las consecuencias.

 

“Mi navidad en un psiquiátrico”: del amor a la locura

A veces solo necesitamos sentir que alguien más entiende por lo que pasamos. Tal vez solo eso necesitaron tantos suicidas, como Kurt Cobain, quien no solo intentó quitarse la vida una vez, sino tres. Un libro que traigo a colación a propósito de las fiestas de fin de año y navidad.

26/12/2019

Por Elim J Alonso

“Mi navidad en un psiquiátrico” es un libro que trata temas que, aún en nuestros días, siguen siendo tabú para muchos. La depresión, los trastornos obsesivos compulsivos y la bipolaridad, se hablan y se tratan como si se hablase de un resfriado común. Mediante el libro, se quiere demostrar que las enfermedades mentales son tan comunes como las dolencias físicas; esto, con la esperanza de hacer sentir acompañados a los más tristes, contarles que no son los únicos y que hay alguien que los entiende. Una vez más, Mariángela Urbina decidió hablar de lo que pocos hablan pero que, de todas formas, es necesario. Este libro es una novela autobiográfica que nace, según la autora, de una experiencia propia en la clínica Thompson en Bogotá, cuando decidió, por cuenta propia, internarse por una severa depresión.

 Como un acto de valentía propio de una persona autocrítica y sensata, acepta que necesita ayuda. Ya tomada la decisión, llama un Uber y va a la dirección que encuentra en internet. No solo habla abiertamente de problemas mentales como la depresión, la bipolaridad, o los trastornos obsesivos compulsivos, sino que también habla abiertamente de relaciones de pareja y de sexualidad. Mariángela nos hace ver que somos responsables, no solo de nuestras dolencias corporales, sino también de las mentales y sentimentales. Aquello que no podemos ver, pero sentimos incluso más profundo que cualquier otra herida física. A partir del ejemplo, nuestra autora comienza por tomar consciencia de que algo no está bien en ella, y, posteriormente, empaca una maletica y se dirige a la clínica. Ojalá todos tomáramos con tal seriedad y responsabilidad los inconvenientes mentales.

 “Morir un poco, no del todo”

La estructura narrativa que implementa la autora nos mantiene atentos permanentemente. Y es que comienza los primeros párrafos explicando su experiencia desde el día que se quiso morir un poco, pero solo un poco. Además de capturar la atención del lector, quien puede, en primer lugar, pensar que la protagonista era suicida, piensa, desde un plano más reflexivo, que tal vez también se ha querido morir un poco, no del todo. Estamos acostumbrados a juzgar sin conocer, atribuirle todo a la locura, y no aceptar que, en parte, también estamos un poco locos pero que, como le dijo Alicia al Sombrerero en la adaptación de Tim Burton: “las mejores personas lo están”. Dentro del psiquiátrico, la protagonista encuentra gente buena que, tras varios eventos desafortunados, perdieron la cordura, mas no la autenticidad.

 Y es que, muy probablemente, muchos también nos hemos querido morir un poco. En el marco de la Feria Internacional del Libro (FILBO) 2019, Amalia Andrade, escritora y moderadora en el conversatorio sobre esta obra, reflexionó sobre eso, querer morirnos un poco, entendiéndolo como la necesidad de anestesiarse por unos días, solo para poder dejar de sentir el dolor indescriptible de la depresión. “Al terminar de leer este libro, uno se queda con las ganas de leer más de la autora. Definitivamente, es un abrebocas a libros próximos que podrá escribir Mariángela”, asegura Andrade.

 Historias paralelas que convergen en el amor

 La novela se desarrolla durante el tiempo en que Mariángela estuvo internada en un psiquiátrico. Paralelamente, cuenta la historia de su vida, eventos de su niñez y juventud, que recuerda gracias a los relatos de los demás internos. Muchos de los capítulos están dedicados a pacientes diferentes, cuyas historias convergen dentro de la clínica, y terminan desembocando en la locura. No obstante, este no es el único eje temático que une sus historias: el amor y la experiencia en relaciones románticas también supuso un factor en común, presente en cada una de las páginas del libro. Parece, de algún modo, que el amor es el que los lleva a la locura.  

 Los personajes están descritos con tal detalle, que da la sensación de conocerlos personalmente: Diego, un joven homosexual de 25 años, ha tenido que lidiar con sus parejas, y encontró refugio en un grupo de jóvenes que le dieron su amistad incondicional; Julio era sacerdote, y un día comenzó a sentirse solo, hasta sin el amor de Dios; a Javier se le desplomó todo cuando el amor de su vida, Alejandra, lo dejó; y la propia autora narra su amor con “J”, una relación tóxica, sin dejar a un lado el amor con su madre.

De manera personal, una de las historias que más me impactó fue la del capítulo “Sara, la reina”, quien, aunque también termina en la locura por amor, es una muestra clara de que la belleza no lo es todo, pues las apariencias muchas veces engañan. Sara, una joven que también tiene a quien la atormenta como Marilyn Monroe con J.F.K, parece que tiene el mundo comprado con su belleza, pero resulta teniendo una vida vacía y cayendo en la depresión. “El problema es que afuera no es lo mismo que adentro cuando hay algo que está roto”, comenta. Sin embargo, este paralelismo, similar al que emplea Mario Mendoza en obras como Satanás de 2002, logra confundir en varias ocasiones al lector. En varios párrafos, la autora combina la historia de otro personaje con la de ella y no se marca bien el cambio, por lo tanto, no se sabe en qué momento está hablando de sus recuerdos y cuándo de los recuerdos de otros. Sin embargo, rápidamente se puede retomar el hilo y entender a qué se refiere la autora.

 La voz de quienes están demasiado tristes como para hablar

 Carlos Hernández, un estudiante de 18 años, asegura que, al leer el libro, se sintió inmediatamente identificado: “Sentí que no estaba solo, que no soy el único que se ha sentido así”. Urbina también asegura que uno de los objetivos de su libro es hacer demostrar que los problemas de depresión y demás no son casos aislados, sino que muchos más nos hemos sentido así. Es importante que existan este tipo de textos, con los cuales los jóvenes se pueden sentir identificados. A veces solo necesitamos sentir que alguien más entiende por lo que pasamos. Tal vez solo eso necesitaron tantos suicidas, como Kurt Cobain, quien no solo intentó quitarse la vida una vez, sino tres.  De igual manera, es importante dar visibilidad a este tema, y expresar mediante la literatura todo el cúmulo de sentimientos e inseguridades que puede llegar a sentir una persona deprimida.

 A modo de conclusión, entre los aspectos a destacar, sin duda alguna, está el hilo narrativo del libro que, vale la pena recalcar, es excelente; mantiene un ritmo dinámico que genera incertidumbre y el deseo de seguir leyendo, con momentos en los que le quieres gritar al personaje qué hacer y qué no, como si fuese una novela de televisión. Ahora bien, aunque a veces el paralelismo entre las historias de la protagonista y las de los demás personajes pueden llegar a confundir el lector (no existe algo que marque el cambio entre uno y otro), la lectura es bastante fluida.

 A medida que se avanza en las páginas del texto, comprendemos mejor y, lejos de perdemos en el paralelismo, aprendemos a disfrutarlo. Como en la vida, lo placentero se encuentra en el correcto equilibrio en los altibajos; en hallar vida tanto en los tonos grisáceos, como en los colores vibrantes.

Los invito a que lean el texto, de seguro muchos de ustedes se verán identificados en las páginas de este libro. Este es el último texto del año, y me ha encantado tener este espacio que, espero, siga creciendo. Me despido de ustedes por este año, dejándoles la reseña de este libro. Espero que para el 2020 sean muchos más los textos que escriba en esta plataforma y mis mejores deseos en Año Nuevo para todos los lectores y para Luna Estéreo, que por cierto, celebró recientemente sus 22 años de servicio a la comunidad.

Hallar la verdad escondida es doloroso, pero necesario

La investigación adelantada, sobre las fosas de falsos positivos,  por la JEP y publicada por la Revista Semana nos deja con la boca abierta. Es una verdad que se ha ocultado por más de 10 años y las cicatrices siguen doliéndome al país.

18/12/2019

Por Elim J Alonso

Desde hace ya varios años Colombia ha entrado en un proceso de posconflicto, pero lamentablemente, las cicatrices que ha dejado la guerra de tantos años, en la que se han visto implicados tantos actores (tanto víctimas como victimarios), en donde aún existen disidencias y grupos armados que han evitado que se llegue a una paz total dentro de nuestro territorio. 

Las tumbas de falsos positivos, que guardan de 50 a 70 cuerpos, según Semana, se hallaron en el cementerio de Dabeiba, Antioquia. Estos casos de personas que no tenían nada que ver y fueron dadas de baja para darlas como muertas en combate con el único fin de subir el ego del gobierno de turno y de las fuerzas militares. ¿Hasta dónde llegó el deseo de ellos por vanagloriarse?  Al parecer este deseo era tan grande que valía la vida de varios.

Apoyo la teoría de varios medios y particulares: muchos querían acabar con la JEP y esta podría ser una de las razones. Desde hace tiempo me había preguntado el por qué de esa petición tan particular. El argumento de la extrema derecha era que la Justicia Especial para la Paz y la Justicia Transicional permitirían la impunidad. Pero, a pesar de las fallas que esta pueda tener, parece que la intención de estos era seguir ocultando lo que no les convenía. Y, necesariamente, ocultar este tipo de hechos permite que siga habiendo dolor en las víctimas y un ambiente de dolor y represión en estas poblaciones ya vulneradas.

A pesar de las críticas a la JEP, me parece estupendo que se adelanten este tipo de investigaciones y cumplan con la función de destapar todas esas “ollas podridas” que han ocultado tanto los grupos guerrilleros, paramilitares y hasta el mismísimo Ejército Nacional (vergonzoso para el país).Quienes tienen que comparecer ante la JEP, compromiso de no repetición y de ayudar a sanar a las víctimas, ojalá sigan trabajando así. 

La labor del ejército Nacional es la de defender a la ciudadanía, y es evidente y reprochable la manera como estos casos de falsos positivos demuestran lo contrario. No es ética la manera como varios de los miembros del ejército decidieron dar bajas a personas que nada tenían que ver, personas inocentes. Nada más reprochable que pasar de ser defensores a ser victimarios. Y lo peor, tapar los hechos con ayuda del gobierno de  ese momento.

Es indispensable encontrar la verdad de los hechos: conocer quienes fueron los responsables, la forma como actuaban, los testimonios de víctimas y victimarios. Considero necesario unir todas las versiones con el fin de reconstruir la verdad de los hechos. Un trabajo arduo, pero necesario para este país tan dolido. 

Tantas víctimas que quedaron en medio del conflicto, tantas poblaciones destruidas, masacres, asesinatos. No dejemos que la historia se siga repitiendo, que tanta gente siga sufriendo. Así nosotros en Bogotá y municipios aledaños no hayamos vivido en este horror, sí es necesario que empecemos a solidarizarnos. Debemos empezar por empaparnos un poco mediante lecturas, noticias, reportajes, etc. En lo personal, recomiendo el trabajo periodístico y fotográfico de Jesús Abad Colorado, una recopilación de sucesos, víctimas, masacres, todo visto de cerca, y que, aunque es impactante verlo, nos muestra la cruda realidad que se ha vivido durante tantos años.  Solo quedamos con la esperanza de que esto no se vuelva a repetir, y desde este momento trabajar para evitarlo.

El Paro Nacional sigue dando de qué hablar

“Nosotros queremos ser parte de la solución, nosotros no queremos tumbar al presidente, nosotros queremos que el presidente venga, el presidente aparezca  […] Llegó el momento de reconciliarnos, porque no tenemos otra salida” Adriana Lucía.

12/12/2019

Por Elim J Alonso

Han pasado ya más de 20 días de paro, días durante los cuales han salido personas pertenecientes a todo tipo de grupos: músicos que se manifiestan con instrumentos, voces y melodías; estudiantes con himnos; indígenas; etc. Lo más importante es que esto se ha hecho de manera pacífica, algo resaltable considerando que muchos de los cubrimientos de algunos medios de comunicación resaltan a los vándalos y a los disturbios y nos nombran las manifestaciones pacíficas o logran opacarlas, un hecho cuestionable entre mis colegas periodistas. ¿Dónde está la otra cara de la noticia? Lo que es aún más preocupante: muchos manifestantes no reciben respuestas por parte del gobierno.

Considero importante unirme al llamado que hace toda la ciudadanía, en la que se pide que el gobierno comience a actuar y, como lo dije en mi columna anterior, deje de negar las cosas. Muchos de los bloqueos en calles principales de la capital se han convertido en el pan de cada día. Comprendo las quejas de muchos, ya que dichos bloqueos los afectan en su regreso a casa o camino al trabajo, para quienes trabajan durante la noche. Pero creo que la solución no es culpar a los manifestantes, sino al gobierno que no actúa rápido. Durante los primeros días, esperaba cada día la alocución presidencial, la cual no decía nada trascendente y el presidente solo hacía un balance de la jornada, algo que cualquiera encuentra en los medios, la labor del presidente va más allá. Ahora hay más mesas de negociación abiertas, lo cual me parece fabuloso, y espero que de estas salgan soluciones prontas a esta aglomeración de problemas que aqueja a nuestro país.

Por otro lado, varios artistas nacionales se reunieron para convocar un concierto que se llevó a cabo el 8 de diciembre. Santiago Alarcón, Doctor Krápula, Adriana Lucía, Alejandro Riaño, Santiago Cruz, Aterciopelados y demás artistas estuvieron entre los artistas que participaron en “Un Canto por Colombia” a modo de apoyo al paro nacional.  Y las palabras de Adriana Lucía ante CNN durante este día apoyan mi mensaje durante esta y la anterior columna: “Nosotros queremos ser parte de la solución, nosotros no queremos tumbar al presidente, nosotros queremos que el presidente venga, el presidente aparezca […] Llegó el momento de reconciliarnos, porque no tenemos otra salida”. Este no es un tema pasajero, sino que nos afecta a todos y la idea es conciliar en lugar de polarizar. 

Finalmente, pero no menos importante, es importante tocar el tema de los abusos de la fuerza por parte de la policía y el ESMAD, claro que su labor es la de defender a la ciudadanía y controlar a quienes inician disturbios y cometen agresiones hacia otras personas y en contra de la propiedad pública y privada, pero otra cosa son los innumerables videos que se encuentran en redes sociales en los que se evidencian abusos. El más claro ejemplo de esto son los hechos que desencadenaron en la muerte de Dylan Cruz y que, presuntamente, fue ocasionada por municiones no permitidas y que aún así se han estado utilizando por parte del ESMAD. Este es un llamado a la unidad, para que todos aprendamos a convivir con nuestras diferencias y que, sobre todo, respetemos, escuchemos y valoremos la opinión ajena para llegar a una conciliación y, por qué no de alguna manera, llegar a una solución.

Hablemos del Paro Nacional

Los indígenas tradujeron el artículo 11 de la Constitución: ‘Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie, ni hacerle mal en su persona aunque piense y diga diferente’. Si nos aprendemos este artículo, salvamos este país” Jaime Garzón.

03/12/2019

Por Elim J Alonso

 

El Paro Nacional anunciado desde hace varios días es ya uno de los más largos en nuestra historia patria. En un principio, fue  convocado para el 21 de noviembre, y aún para diciembre continúan marchas y manifestaciones en todo el país. Quiero comenzar asegurando que es legítimo que los ciudadanos salgan a manifestarse, tanto los sindicatos, estudiantes, ambientalistas, movimientos sociales y demás iniciativas. Lo que no es legítimo es que gente sin escrúpulos salga a realizar actos vandálicos que desvirtúan la razón de ser de las manifestaciones pacíficas. Lo que también, a mi forma de ver, considero reprochable es que el gobierno asegure que no hay razón por la cual haya que salir a manifestarse. ¿Acaso vivimos en Suiza no nos hemos dado cuenta? Pero bueno, quiero tratar este tema paso por paso, y no deja de ser denso y complicado.

A los manifestantes

 A los manifestantes pacíficos, que han caminado por las calles de sus ciudades con la esperanza de lograr que se les aseguren mejores condiciones de vida, empleo, salud, educación, etc, los apoyo con el corazón. Quienes  se han arrodillado ante el ESMAD y demás autoridades, diciendo “sin violencia” los felicito por tratar de hacer las cosas de la mejor manera. Quienes salen con las cacerolas, símbolo de la insatisfacción, ese es el ruido que tenemos que hacer para ser escuchados. Siempre he creído que es de valientes eso de salir y hacerse escuchar, porque muchos se quejan día a día pero aceptan la realidad a regaña dientes y no hacen nada al respecto.  La Opinión Pública es un mecanismo de control político y social. Porque es deber del estado suplir las necesidades del pueblo, y porque los políticos son nuestros empleados, están ahí para trabajar por nuestro bienestar y ganan el dinero de nuestros impuestos. No olvidemos que están ahí por nuestra elección (buena o mala) que realizamos a través del voto.

 Al gobierno Duque

 Señores, razones hay, en especial en un país en donde el galón de gasolina cuesta 9,268.993 (para noviembre de 2019) aun siendo productores  de petróleo. En donde el salario mínimo es de $ 828.116,00, cifra que simplemente no le alcanza a una familia para vivir dignamente, mientras que, por otro lado, un congresista gana cuarenta veces más ($ 32’741.000) y muchos de ellos ni siquiera asisten a las sesiones. Ministra Nancy Patricia Gutiérrez, usted que dice que “convocaron a un paro basado en mentiras”, las cifras anteriormente dadas están verificadas y negarlo no es lo correcto. 

 No comprendo la estrategia de los gobiernos en negar estas cosas en lugar de actuar de manera eficiente y eficaz, siendo nosotros el tercer país más desigual del mundo (según cifras del Banco Mundial). Por favor no nieguen lo innegable, no cometan errores de gobiernos pasados, que aseguraban en 2013 que “el tal paro agrario no existe” mientras había caos en todo el país. Los problemas existen, y el gobierno no actúa rápidamente para buscar soluciones, lo único que hacen el culpar a gobiernos pasados, no lloremos más sobre la leche derramada. Su trabajo, señor Duque, es limpiarla. 

 Por otro lado, inventar e imaginar teorías conspirativas alrededor del paro para buscar culpables es una pérdida de tiempo, que bien podría estar empleando el gobierno para solucionar las cosas. En el país de la economía naranja y de los siete enanitos pedimos un poco de realismo y no más historias de cuentos de hadas en donde se sataniza al “Foro de San Paulo”, se culpa a Santos de una conspiración para derrocar al gobierno de Duque y en donde regresa el discurso de 2016 en que asegura que “nos quieren volver como Venezuela”. #NoPudieron gobernar, pero sí inventar excusas y desvirtuar las razones verdaderas. 

 A los vándalos

 Me duele la patria. Me duele que haya personas que se aprovechen de la situación de paro para salir a delinquir y/o a cometer actos vandálicos. Estas acciones desvirtúan la razón de ser de las manifestaciones pacíficas que se han adelantado en los últimos días en el país y le dan razones de odio a quienes no apoyan o quieren negarle a la ciudadanía el derecho constitucional a la protesta. Señores vándalos, si se les puede llamar “señores”, destrozar los bienes públicos afecta principalmente a la ciudadanía, ya que lo público es de todos y, por lo tanto, nos beneficia su funcionamiento.  El sistema de Transmilenio no va a funcionar mejor si usted está destruyendo todo, la ciudad no se ve más bonita con sus groserías escritas en paredes, y el miedo a la ciudadanía nos quita la tranquilidad. 

 Izquierda y derecha

 Creo que la discusión entre izquierda, derecha o cualquier otra corriente ideológica debería apartarse de esto. Porque las razones por las que se está saliendo a las calles no son Petro, Uribe, Santos, etc, sino las condiciones indignas que aguantamos muchos cada día. Si usted gana menos de un millón y medio de pesos mensuales, muy probablemente pertenece a una clase media-baja que vive casi con las uñas y cuyas condiciones de vida no cambian si usted apoya ideológicamente a Uribe, a Petro o a cualquier otro.

 Quiero dejar claro que, personalmente, no apoyo a ninguno de los dos lados, ni siquiera me considero una “tibia”, mi trabajo no es ese, sino el de mirar la sociedad desde una posición crítica para llegar a una reflexión que espero le llegue a cada uno de los lectores y aportar mi granito de arena para cambiar el platanal en el que estamos. Es algo tal vez un poco utópico, pero me considero bastante idealista y apoyo el deber ser de las cosas.

 Espero que este tema me dé para una segunda parte de la columna. Así que no la concluyo aun, pero, como suelo hacerlo, quiero reflexionar un poco. Quiero que nos pongamos a pensar en cómo nos gustaría que vivieran nuestros hijos, nietos, etc. Nos hemos aguantado muchas cosas durante demasiados años y principalmente, hay que aprender a respetar a quien piensa diferente. Como bien decía Jaime Garzón: “Los indígenas tradujeron el artículo 11 de la Constitución: ‘Nadie podrá llevar por encima de su corazón a nadie, ni hacerle mal en su persona aunque piense y diga diferente’. Si nos aprendemos este artículo, salvamos este país”.

Las cicatrices de la tragedia de Armero, 34 años después

A pesar de los esfuerzos de algunos, muchas de las víctimas que sobrevivieron estuvieron desahuciadas. Perdieron todo en una sola noche, y, como es frecuente en este país, la presencia del Estado fue escasa.

18/11/2019

Por Elim J Alonso

En esta semana se cumplieron 34 años de la tragedia que sacudió al país ese 13 de noviembre de 1985. Fueron más de 25.000 las  vidas que terminaron en esa trágica noche. Además, varias familias se desintegraron, niños quedaron huérfanos, y las grandes pérdidas materiales que dejó la avalancha ocasionada por la erupción del Volcán Nevado del Ruiz. Según el Diario La República, la tragedia de Armero le costó al país 2,05% del Producto Interno Bruto (PIB) de 1985.   Sin embargo, a pesar del tiempo, aún quedan marcas de la tragedia. La avalancha no pudo enterrarlo todo, y los más de 6.000 sobrevivientes tuvieron que buscar un nuevo lugar y una nueva vida.

Estaba con mi mamá, mi abuela, mi hermana y mi pequeña sobrina de solo días de nacida. Mi mamá y mi hermana se adelantaron, yo iba con mi abuelita, cuando la avalancha se la llevó. Yo solo tenía 11 años y, aunque lo intenté, no pude hacer nada. Dice Álvaro Angulo con lágrimas en los ojos, sobreviviente de la tragedia.    

Don Álvaro es un hombre que conocí en Bogotá, actualmente es guardia de seguridad de una Universidad, tiene esposa y dos hijas. Me ha contado que ese día amaneció en la terraza de una casa, con una familia que ni conocía. Desde ese día, anduvo de pueblo en pueblo, de casa en casa, y hubo días en los que pasó la noche en la calle o en parques públicos. Como él, fueron muchas las víctimas que estuvieron en situaciones similares.

A pesar de los esfuerzos de algunos, muchas de las víctimas que sobrevivieron estuvieron desahuciadas. Perdieron todo en una sola noche, y, como es frecuente en este país, la presencia del Estado fue escasa. Y si fue poca en esos días, ahora, 34 años después, es casi imperceptible, a pesar de que el territorio es considerado terreno sagrado.

Esta misma insensatez se reflejó desde incluso antes de que sucediera la tragedia.  Gustavo Álvarez Gardeazábal, en su libro “Los sordos ya no hablan” narra cómo se ignoraron las señales que advertían de la erupción del volcán, por otro lado, la tragedia ya había sido anunciada por expertos en vulcanología.  

Hoy lamentamos esta tragedia, y recordamos con nostalgia la fecha. Es triste saber que por desinterés de algunos, muchos otros paguen las consecuencias.   Esperemos que este tipo de tragedias no se vuelvan a presentar o, peor aún, que sucedan sin que se tomen las medidas necesarias.      

“¿Dónde está mi profe?” y otros problemas que enfrentan los estudiantes de Uniminuto

Es inaceptable que se esté apenas en proceso de contratación de docentes, cuando ya ha pasado más de la mitad del semestre y los estudiantes han hecho una inversión para ver las materias respectivas a su plan de estudios. Lo mínimo es que se les responda con lo pactado en el contrato de matrícula.

01/11/2019

Por Elim J Alonso

Julián Oviedo, «No se puede hablar de credibilidad si la mantenemos lejos de nosotros».

Desde hace ya varios semestres atrás, los estudiantes de la Corporación Universitaria Minuto de Dios, sede Zipaquirá, han mostrado su inconformidad en cuanto a la falta de personal suficiente para las respectivas clases, específicamente profesores. Los estudiantes manifiestan sentirse inconformes con dicha situación, y, por lo tanto, han decidido realizar distintas acciones al respecto, tales como una mesa de estudiantes, campañas como “¿Dónde está mi profe?”, un plantón-cacerolazo y un pliego de peticiones. Es realmente preocupante que esta circunstancia se presente en una institución de educación superior, en donde se ve afectada tanto la formación continua que merecen los alumnos como el cumplimiento del contrato de matrícula.

Esta iniciativa la lideran los estudiantes de sexto semestre de Comunicación de la universidad. Uno de los voceros, Julián Oviedo, asegura que llevan casi la mitad del semestre sin el profesor que cubre el área de audiovisual, que se compone por las materias de Fotografía Digital, Producción Audiovisual, Informativos para Televisión y Documental. Los alumnos también aseguran haber pasado con anterioridad un derecho de petición, del cual recibieron una respuesta poco satisfactoria, “no creo que contratar un profesor el 1 de noviembre, para que nos de clase intensiva durante un mes sea la solución”, agregó Oviedo. Es inaceptable que se esté apenas en proceso de contratación de docentes, cuando ya ha pasado más de la mitad del semestre y los estudiantes han hecho una inversión para ver las materias respectivas a su plan de estudios. Lo mínimo es que les respondan con lo pactado en el contrato de matrícula.

Entre las acciones mencionadas, también se realizó una reunión el pasado 22 de octubre, en la que se creó un pliego de peticiones planteado por los mismos alumnos; un plantón-cacerolazo el jueves 24 de octubre, que concluyó con reunión a la 1 pm con los directivos, en la que se presentó el pliego de peticiones. Además, semanas antes, el 23 de agosto, presentaron un derecho de petición que solicitaba la contratación de docentes, la reposición de clases y el cumplimiento de la promesa de valor que les dio Uniminuto a la hora de la matrícula. Los estudiantes aseguran no haberse sentido satisfechos con la respuesta que recibieron el 4 de octubre al derecho de petición ya mencionado.

Igualmente, alegan que no se le ha hecho mantenimiento a algunos equipos que necesitan para realizar su labor, no se han comprado otros que ya se han prometido y que, en ocasiones, según Oviedo, se contratan profesores “que no están calificados para impartir esas materias o su perfil profesional no da”. Es deber de la institución cumplir con los contratos de matrícula, con el pensum y materias respectivas a cada carrera y con los equipos e instalaciones necesarias para la formación de sus profesionales.

Esta no es la primera vez que hay manifestaciones estudiantiles, eso bien lo sabemos. Este es un llamado para que las autoridades competentes hagan algo al respecto y que, además, se hagan las respectivas auditorías y revisiones a la manera como operan las instituciones educativas. A partir de este caso, se reflejan los incontables momentos en los que el gobierno ha mostrado desinterés hacia la educación, una parte tan importante y necesaria para el desarrollo de cualquier país. También es un llamado al compromiso de todas las instituciones educativas, ya que tienen en sus manos una labor muy importante para la sociedad, la de formar profesionales y personas excelentes.

Cuando un derecho se convierte en negocio, y la caridad, en manipulación

Exigir votos para un candidato a cambio de la permanencia en un proyecto de colaboración de mercados es constreñir el voto, que debe ser secreto, ante todo, libre.

Elim J Alonso, «si usted ve actividades parecidas, que constriñen el voto de la comunidad, no dude en denunciar».

En época de elecciones, como en la que nos encontramos actualmente,  salen a relucir ciertas situaciones lamentables dentro de nuestra práctica democrática, evidenciada a través del ejercicio del voto. Y es que precisamente, unos audios que comenzaron a circular en redes sociales, en los cuales se escuchaba a la señora Rosa Moreno, representante legal de la Fundación Emmanuel, me hicieron reflexionar sobre la situación de nuestro país y sobre las reacciones de los implicados.

Pero primero lo primero, señora Rosa Moreno: pedir o exigir votos para un candidato a cambio de la permanencia en un proyecto de colaboración de mercados, y verificar posteriormente, es constreñir el voto, que debe ser, dentro de una democracia, secreto y, ante todo, libre. Exigir el mismo voto con el argumento de que le es necesario para que los mercados sean apoyados por la alcaldía, es reflejo de nuestra pésima cultura electoral, demostrando que muchos de los electores votan por beneficios y no por ideas. Y luego nos quejamos de nuestros gobernantes, los mismos que elegimos de mala manera.

Señora, exigirle eso a un grupo que depende de esos mercados, familias que se sostienen con eso, porque es una población de escasos recursos y por la tanto vulnerable, es prácticamente obligarlos a votar por alguien a partir del miedo a perder los beneficios de los que dependen varias familias.

Y es que defenderse argumentando el desconocimiento de la ley es inútil, simplemente porque su desconocimiento no la exime del cumplimiento. Además, me pregunto yo: ¿cómo no lo iba a saber si es un simple ejercicio de ética? Esto es un ejercicio racional que se desarrolla en la niñez entre los 6 a 10 años de edad, cuando se empieza a discernir entre lo que está bien y lo que está mal.

La gran ironía, sin embargo, es que nos dicen que vivimos en una democracia, que el poder reside en nosotros, el pueblo. Y que un selecto grupo que constituye un porcentaje pequeñísimo dentro de la sociedad colombiana (más de la mitad de los colombianos pertenecen a los estratos 1, 2 y 3, según la Revista Dinero), quienes, evidentemente, poseen un poder adquisitivo más amplio que el de las personas que están ayudando (o manipulando, diría yo), decidan que está bien y es justo aprovecharse de esa posición, es la muestra más evidente de que la política es un chiste para ellos.

Y así mismo como aseguró Moreno en uno de sus audios “Todo no es regalado, todo cuesta” y señora Rosa, sus acciones también traen consecuencias. Espero que se tomen las medidas suficientes y necesarias. Porque por más que usted quiera negarlo, obró de mala fe y en su conciencia quedará.

El norte, sin duda alguna, se ha visto desdibujado para aquellos aspirantes a cargos políticos que se valen de este tipo de artimañas para llegar al poder,y ese es, precisamente, el problema principal. Cuando el poder se ve como un fin y no un medio, regalar tamales y mercados por votos es una simple herramienta democrática más. Especialmente para quienes no tienen nada mejor que ofrecer, que no tienen ese espíritu de ayuda y de seguir construyendo país. Por eso hay corrupción. Por eso este país sigue desangrándose.

El objetivo de este texto es el de visibilizar estas situaciones pero, sobre todo, tiene el fin de que usted como lector reflexione, se ponga a pensar sobre el criterio que usa para decidir a la hora de estar en las urnas. Así que si usted ve actividades parecidas, que constriñen el voto de la comunidad, no dude en denunciar. No debemos permitir que sigan sucediendo estas situaciones que desvirtúan el ejercicio real de la democracia y que no permiten que nuestro país avance.

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